viernes, 23 de junio de 2017

MITOS Y SUPERSTICIONES MANCHEGAS: LA NOCHE DE SAN JUAN

Moras y Encantadas salen de sus cuevas la Noche de San Juan
La noche de San Juan es, en origen, la celebración pagana que da la bienvenida al solsticio de verano y que el cristianismo adaptaría más tarde. La fiesta de las populares hogueras se celebra en la medianoche del 23 al 24 de junio, marcando la fecha en que, según la Biblia, nació san Juan Bautista. Según los textos sagrados, el sacerdote Zacarías mandó encender una hoguera para anunciar el feliz nacimiento de su hijo Juan. Así, el cristianismo asimiló esta tradición de origen pagano adaptándola a su calendario y quedando unida al nacimiento de Juan el Bautista.
La tradición pagana marcaba que para ayudar al sol a pasar el trance de su menor permanencia en los cielos, a partir del solsticio de verano los días se acortan, y para darle más fuerza, había que encender hogueras para animarle, y prolongar la luz. Y ese día, más ligado al 21 que al 23 o 24 de junio, estaba medido desde tiempos inmemoriales como lo demuestran los monumentos megalíticos de Stonehenge.
En su versión pagana, la noche de san Juan era una noche mágica, el momento más adecuado del año para espantar los malos espíritus, romper con lo malo del año y hacer votos por el amor y la fertilidad. Es una fiesta muy ligada al fuego, pero también al agua, sobre todo en los pueblos de tradición celta. Además, la noche de San Juan, está muy relacionada con antiguas tradiciones y leyendas españolas, como la “leyenda de la Encantada”, nombre genérico que hace referencia a un conjunto de tradiciones orales y leyendas mitológicas y que cuenta con elementos comunes como son: una joven de larga cabellera y la noche de san Juan. Estos elementos relacionan estas antiguas leyendas con las lamias, que según la mitología griega eran criaturas femeninas que asustaban niños y estaban dotadas de una gran belleza.
En La Mancha, según las creencias populares, la noche de san Juan es la noche brujeril por excelencia, la más corta del año y la que aprovechan ‘encantas’, ‘trocantas’ y otros seres mágicos para hacerse visibles y acometer sus perversidades o quehaceres. En esta noche las propiedades mágicas de personas y cosas alcanzan su cenit. Es noche sagrada desde los primeros tiempos de la humanidad, en la que eran venerados árboles y plantas. Dos eran las principales tradiciones de los pueblos manchegos en las noches sanjuaneras: curar a los herniados y recoger la simiente del helecho.
De la primera tenemos referencias en La Roda, donde, en el siglo XVII, existía la tradición de juntarse varios hombres y mujeres para llevar a un niño herniado a algún árbol cercano, preferentemente una higuera, a la que desgajaban una rama sin llegar a separarla del todo y a continuación pasar al niño enfermo varias veces por debajo de la rama desgajada. Una vez pasado el niño bajo ella, si la rama seguía unida a la higuera era señal que el enfermo curaría de su dolencia. En otros pueblos albaceteños, también con la higuera como árbol sanador, era preciso que se juntaran hasta tres parejas de Juanes y Marías para que el ritual tuviera éxito.
En Cuenca se celebraba este mismo ritual en la huerta de Juan de Ribera, pero solo funcionaba si se utilizaba un guindo y se recitaba a san Juan lo siguiente: “malo te lo doy, Juan / devuélvemelo bueno”. La forma, pero no el fondo, era algo diferente en la zona de Moya. Aquí eran dos Marías y otros tantos Juanes quienes hacían el ritual en un quejigo.
En Toledo, los vecinos de Tembleque y otros pueblos cercanos llevaban a los niños quebrados a un lugar cercano al Cristo de Urda, donde se celebraba el ritual bajo una higuera. Tal era la creencia y confianza de aquellas gentes en esta ceremonia sanadora que ni la Inquisición pudo acabar con el rito pagano.
En los Montes de Toledo se utilizaba un mimbre como árbol mágico y se recitaba la siguiente oración: “Dámelo, Pedro / tómalo, Juan / malo te lo doy / sano me lo devolverás”. En Santa Quiteria, pedanía de Alcoba de los Montes, la tradición sanjuanera era colgar prendas del familiar enfermo en el Mesto, un monumental híbrido de alcornoque y encina al que se le atribuían propiedades curativas.
En Guadalajara, la curación de herniados se hacía del siguiente modo: se elegía un roble con dos ramas gemelas al que se le daba un corte con hacha por la mitad y se desgajaban las dos ramas sin separarlas del todo. Se pasaba al niño herniado entre las ramas, mientras un Juan y una María recitaban algún tipo de conjuro. Después se ataba el árbol con cuerdas, dejando de nuevo las ramas unidas. Todo esto se hacía antes de salir el sol, con la creencia de que si sanaba el roble, sanaba también el niño o niña.
La tradición manda recoger la simiente del helecho en la noche de san Juan. Presente en los robledales húmedos de los Montes de Toledo y Sierra Madrona, es una planta con múltiples aplicaciones medicinales y muy apreciada por los hechiceros, para lo que tenía que ser recogido en la noche mágica. En numerosos procesos contra hechiceros y brujas, se les acusa de recoger esta planta a media noche. Se cree que recolectado de manera especial, el método no ha trascendido hasta nuestros días, tenía el poder de hacer invisible al recolector. La literatura clásica española nos ha dejado algunas muestras de sus poderes mágicos, como el pasaje de la Celestina en que Parmenio relata su experiencia observando como la hechicera prepara sus pociones de amor.
En 1575, Diego López, vecino de Cuenca, relataba su experiencia acompañando a un clérigo para recoger simiente de helecho en la noche de san Juan: “una vez encontrada la planta, colocaba un paño blanco debajo de ella. El clérigo se ponía una sobrepelliza y estola y echaba agua bendita alrededor diciendo Asperge me, Domine. Al rato comenzaba a leer el Evangelio de san Juan, simultaneándolo con un conjuro para aplacar tempestades, teniendo encendida una vela y en la mano una cruz y una imagen de la Virgen”. Según Diego López, la simiente del helecho así recogida era útil para encontrar tesoros escondidos, tener suerte en lances de armas, caminar sin cansarse y tener suerte en el juego y en el amor.
Además, el helecho posee diversas propiedades medicinales que se pueden aprovechar:
§  Hipotensor: ayuda a reducir la presión arterial, en algunos casos se recomienda para dolores de cabeza o casos de glaucoma. También se recomienda para reducir el sangrado en menstruaciones prolongadas.
§  Antidiarreico: ayuda a reducir y prevenir episodios de diarrea.
§  Vermífugo: excelente para eliminar lombrices y amibas que puedan haber en el tracto digestivo.
Los manchegos creen que en la noche de san Juan se abre la puerta que nos introduce al conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la noche en que los entierros arden, el diablo anda suelto y los campos son bendecidos por el Bautista. Algunas de las creencias más comunes son:
-      Si sales a media noche y te encuentras con un gato negro es señal de mala suerte y de buena suerte si el gato es de otro color.
-      Si se sale después de medianoche con una gallina negra y se dan siete vueltas a la casa aparecerá el diablo.
-      A la primera persona que encuentres y abraces pasada la medianoche será tu pareja.
-      Si a medianoche se hace una cruz en los árboles doblarán la cosecha de frutos.
-      Si a las doce de la noche miramos la luna y después una higuera la veremos florecer.
-      La higuera y el helecho florecen esta noche. Quien tenga una de estas flores será muy afortunado.
-      Quien vea florecer la yerbabuena la noche de san Juan será muy afortunado siempre que lo mantenga en secreto.
-      Si se entierra un haba y se la va a ver a medianoche florecerá y dará buena suerte.
-      Si encuentras un trébol en la noche de san Juan tendrás muchas riquezas. De ahí procede la célebre coplilla: A coger el trébole /el trébole, el trébole/ a coger el trébole la noche de San Juan”.
-      Hay que lavarse las manos con agua del rio para mantenerse joven y el cabello para conservarlo hermoso. Recordemos que esa noche las aguas están bendecidas por el Bautista.
-      Si coges agua de la fuente en la noche de san Juan sanará la parte del cuerpo que te laves con ella.
-      El rocío de la noche de san Juan también tiene propiedades curativas.
-      Si llueve en la noche de san Juan o al día siguiente habrá cosechas abundantes.
-      Antes de la salida del sol hay que regar los árboles con agua del rio para que den mucha fruta durante el año.
-      Si esa noche pides bajo una higuera que te corresponda la persona de quien estás enamorado se hará realidad.
-      Para aprender a tocar la guitarra o cualquier instrumento musical hay que colocarse bajo una higuera o bien en el cruce de cuatro caminos y aparecerá el diablo a enseñarte.
-      Si miras al espejo la noche de san Juan aparecerá el diablo.
-      En la noche de san Juan no debes asomarte a los pozos porque verás tu propio entierro.

Marcel Félix de San Andrés

viernes, 9 de junio de 2017

BRUJAS Y HECHICERAS EN LA MITOLOGÍA CASTELLANOMANCHEGA

Panel dedicado a la brujería en la Exposición 'Mitología y Superstición en La Mancha'. Marcel Félix
Si bien la imagen típica de una bruja es muy variable según la cultura, en el mundo occidental se asocia particularmente a la bruja con una mujer generalmente fea y vieja, con capacidad de volar montada en una escoba. La bruja es en realidad un personaje recurrente de la imaginación humana que perdura y se afirma gracias a las leyendas, los cuentos, la literatura, el cine…, y también a través de distintas fiestas populares y de sus especiales máscaras. Las palabras que designan este concepto, en catalán Bruixa y en español Bruja, posiblemente provienen del término íbero Bruixa o del gallego Bruxa.
La toponimia manchega recoge este término. Estos son algunos de los lugares que contienen la expresión bruja o algún derivado de ella: Las Brujas en Malagón; casa de los Brujos en Cózar; Matabrujas y camino de Matabrujas en Agudo; cañada del Brujo en La Solana; camino del Brujo en Alcázar de San Juan; carril de las Brujas en Daimiel…
Es difícil llegar a concretar una visión más o menos exacta de la brujería en la antigüedad, aunque ya existen referencias de su existencia en la Biblia. Sin duda, en aquellos tiempos la brujería era reprobada o al menos temida por amplios sectores de población, e incluso prohibida. Plinio el Viejo, hacia el 450 a. C., alude a la existencia de la brujería en Roma por la Ley de las XII Tablas y la Lex Cornelia prohibió su práctica, condenando a muerte a aquellos que se daban a los procedimientos de la brujería en los términos siguientes: “Los adivinadores, los hechiceros, y los que hacen uso de la brujería con malos fines, los que evocan a los demonios, los que intentan confundir con insistencia y violencia, los que, para perjudicar, emplean imágenes de cera, serán castigados con la muerte”. No obstante lo señalado, numerosas referencias, especialmente literarias, testimonian la práctica continua de la brujería durante la antigüedad. La diosa Hécate era quien entonces dirigía la magia y los encantamientos y ciertas regiones y lugares eran considerados puntos de pasaje al mundo infernal, asociados a parajes como pantanos, lagos, cementerios o bosques. La Tesalia, pradera fértil con múltiples cursos de agua, sería la región de origen de las brujas en Grecia; Lucio Apuleyo la califica de “tierra natal del arte mágico”, y muchos personajes mencionados en la literatura tienen ese origen. Estas son algunas referencias:
-“Erictho, bruja tesaliana, es un personaje importante del Libro VI de la Farsalia de Marco Anneo Lucano. En esa epopeya, que cuenta la batalla de Farsalia, Sexto Pompeyo se encuentra con ella y le pregunta cuál sería el resultado de la guerra. Erictho hace hablar a un muerto para así revelar la suerte de la batalla. La Bruja vive en medio de tumbas y desde esa posición puede escuchar lo que pasa en los infiernos. En la descripción que de ella se hace es delgada y fea y sus cabellos revueltos tienen el aspecto de serpientes. Solo sale durante la noche o con tiempo de tormentas”.
-“Pamphile es un personaje de El Asno de Oro de Lucio Apuleyo y también habitaba en Tesalia. La obra evoca los espíritus de los muertos; ella se apodera de todos los jóvenes que ve transformándolos en piedras o en animales si se resisten”.
-“La Cólquida, actualmente Georgia, es la tierra de origen de Medea, quien conoce los encantamientos, los afrodisíacos, y los ritos de Hécate, e incluso es capaz de amaestrar a un dragón”.
-“En el Esquilin, una de las siete colinas de Roma en la que antes del imperio se encontraba el cementerio de los pobres, Quinto Horacio Flaco evocó a la Bruja Canidia expresando que, con otras brujas tan pálidas como ella, escavaron fosos y allí hicieron correr sangre de muertos y hablaron con ellos”.
Podemos afirmar que el origen de las brujas se remonta a las primeras eras de la humanidad. Según la tradición son aquellas mujeres que aprendieron de la naturaleza y tienen el don para manipularla. Las gobiernan sus propios deseos y raras veces las motiva ayudar a los demás. El origen de su don se encuentra, al igual que el de los brujos, en relaciones con seres de otras esferas (dioses, diosas, ángeles, demonios, genios, hadas…), razón por la que se les tiene miedo, ya que su presencia implica muchas veces la cercanía del progenitor mágico. En algunas culturas, cuando nacían mujeres pelirrojas o el saco vitelino que envuelve a los niños no se rompía durante el parto, se consideraba signo de que se trataba de mujeres con el don, esto es, futuras brujas.
Es necesario distinguir varios estadios dentro de esta superstición en la Europa de la edad moderna. Básicamente se podrían contar tres niveles: el curanderismo, la hechicería y la brujería. Por supuesto, la brujería era la culminación de este tipo de actuaciones y en los países occidentales siempre tuvo las connotaciones más negativas, y fue perseguida por las clases dirigentes con todas sus fuerzas y medios. Aunque, en esa época histórica, todo lo que se pueda decir de las brujas es aquello que ellas mismas declararon en los procesos judiciales, bajo la presión del tormento, o lo que escribieron algunos fanáticos teólogos, pues nadie se planteó, entonces observar el fenómeno con objetividad.
Las brujas son habitualmente acusadas de perseguir al héroe o la heroína aunque, en realidad, son seres mucho más complejos. Su papel en nuestros cuentos y leyendas puede variar sustancialmente desde la bondad hasta la maldad extrema. Suelen vivir normalmente solas y excepcionalmente en tríos. Quizá en recuerdo de las tres hiladoras griegas que tejen y destejen el destino de los hombres y los dioses.
Una primera categoría de brujas las asemeja a las hadas y pueden predecir el destino del héroe. Ejemplo de este grupo son las tres brujas que se le aparecen a Macbeth y le profetizan su ascenso y caída, –en la obra de W. Shakespeare–, o cuando las Erinias, viejas caníbales que compartían un único ojo y un único diente, le explican a Perseo como vencer a Medusa para que les devuelva su ojo; o el hada mala de la bella durmiente que le decreta la muerte a la recién nacida.
Un segundo grupo de brujas lo integran aquellas mujeres que por edad ya no son actas para tener hijos por lo que se pueden dedicar a mezclar pociones y ser parteras. Pueden también ejercer el papel de alcahuetas aunque tratando siempre de velar por sus intereses. Podríamos poner de ejemplo a “la Celestina” de Fernando Rojas y también podemos encuadrar aquí a la Bruja de Blancanieves con sus venenos y pociones de mutación. Este grupo explicaría la iconografía tradicional de las brujas como viejas mujeres feas y repulsivas.
El tercer tipo de bruja, y quizás la más peligrosa si es un enemigo, es la hechicera, aquella que no se limita a elaborar pociones sino que tiene poderes sobrenaturales con los que puede controlar los elementos. La Circe de Ulises es el ejemplo de este tipo. Estas brujas son restos de lo que alguna vez fue una diosa de algún panteón hoy desaparecido. A estas brujas se les asocia la capacidad de volar sobre escobas.
En las tierras castellano manchegas la brujería no alcanzó niveles como los del norte de España si bien tuvo su relevancia, especialmente en el sustrato popular donde la impronta de la brujería y las brujas ha sido común. Un refrán manchego dice: “ni pueblo sin brujas, ni hervor sin burbujas, ni cesta de brevas sin papandujas”.
¿Y qué pasa en nuestra provincia? ¿Qué referencias tenemos sobre la existencia de brujas? Puede que sea Daimiel el punto de referencia principal sobre la brujería manchega pero, como veremos después, no es el único municipio donde se cuentan leyendas sobre la existencia de estos seres mágicos. En Daimiel existía una conciencia clara del mundo de la brujería tradicional y desde época islámica fue un enclave con fuerte implantación de elementos mágicos trascendentes. El asentamiento de moriscos en esta villa fue mayor que el de judíos. Estos eran antiguos mudéjares convertidos a principios del XVI. Los conversos parece que no habían abandonado del todo sus costumbres o formas de vida y para los demás vecinos cristianos éstas siempre habían sido sospechosas, pues para ellos estaban llenas de misterio. Supersticiosos hasta la médula, pronto las relacionaban con la magia y la hechicería, aunque para los inquisidores el peligro radicaba sobre todo en la heterodoxia, que había que combatir de cualquier forma.
Pese a lo anterior, no da la sensación de que Daimiel destaque por su alto número de brujas. En el catálogo de procesos del Tribunal de Toledo sobre hechicería hay registrados tan sólo ocho procesos, lo cual no es muy elevado comparado con otros municipios de la provincia, que más o menos cuentan con casi los mismos procesos: seis en Malagón, ocho en Ciudad Real, tres en Alcázar de San Juan, seis en Almagro, seis en Argamasilla de Alba, siete en Campo de Criptana, tres en Herencia, cuatro en Membrilla, seis en Socuéllamos, siete en Tomelloso, cuatro en Manzanares, dos en Fuente el Fresno, dos en Villarrubia y Carrión de Calatrava.
Si bien es Daimiel quien parece tener el protagonismo histórico, los datos muestran que la brujería pareció estar más presente en La Mancha que en los Montes de Toledo o en la zona del Valle de Alcudia-Sierra Madrona, donde los procesos de la Inquisición son meramente testimoniales. Una posibilidad es imaginar que la población local de las zonas montañosas, más hermética y aislada, tuviera más asumido el papel de la bruja-hechicera-sanadora y no la denunciara a las instituciones. Tomelloso parece que gozó de gran protagonismo en el ámbito de la brujería si atendemos a las cancioncillas que se cantaban en los pueblos cercanos. Dejamos aquí dos ejemplos de estas letrillas dedicadas a las brujas:
“Cuatro son de Hontanaya
tres del Toboso
y la capitanilla
del Tomelloso”
“Cuatro son del Provencio
tres del Toboso
y la capitanilla
del Tomelloso”
Año Cero, revista especializada en esoterismo, publicaba un artículo dedicado a Daimiel y su relación con la brujería durante los siglos XVI y XVII. En el artículo, firmado por el periodista e investigador ciudadrealeño Javier Pérez Campos, se citan algunos de los casos documentados en el Archivo Histórico Nacional, fruto de investigaciones realizadas por el Tribunal de la Inquisición en Toledo. Según Pérez, a pesar de que toda la zona de La Mancha es rica en este tipo de historias, lo cierto es que la documentación que alude a Daimiel es mucho más extensa y su repercusión muy importante.
En el artículo se cita el caso de Isabel de la Higuera, acusada de herejía e invocación de demonios. En el archivo de este caso se cuenta con la interesante descripción que la acusada hace de los demonios con los que se relacionaba. Según los documentos de la Inquisición, Isabel los describía como “de un palmo de altura, de color negro, vestido con calzón y acompañados de un intenso olor a azufre”. Curioso es también el caso de Ana López, a la que se acusó de brujería e incluso se llegó a registrar su casa, encontrando varios elementos susceptibles de ser utilizados para realizar conjuros.
En cualquier caso, según palabras de Pérez, detrás de muchos de estos casos de brujería existían distintos motivos, como las rencillas vecinales que cristalizaban en acusaciones basadas en hechos poco probables, que acababan exagerándose, o la incomprensión de algunos vecinos ante los supuestos conocimientos sanatorios que tendrían estas personas, por los que se les llamaba brujas, a falta de otra denominación mejor. Por supuesto la relación con Las Tablas es inevitable. El investigador comentaba al respecto que en la zona del Parque Nacional sería bastante fácil conseguir las plantas e ingredientes necesarios para la realización de diversos conjuros. También relaciona en su artículo la posible relación del nombre de La Isla del Pan con el culto al dios griego Pan.
El testimonio más reciente que hemos encontrado cuenta lo siguiente: “Hace algún tiempo, cierto hortelano de Daimiel se levantó temprano para ir a la huerta. Agarró su borrico y se puso en camino. Cuando estaba llegando, algo llamó su atención. Había un extraño jaleo junto al pozo. Se acercó con cuidado, rodeando la casilla, y cuál sería su sorpresa cuando descubrió que todo provenía de un montón de gallinas que estaban alborotando subidas en la palanca de la noria. Extrañado todavía por no saber de dónde había salido tanta gallina intentó asustarlas, pero lo único que consiguió fue que aumentasen la algarabía como si estuvieran burlando de él. Entonces fue cuando el hortelano vislumbró la verdadera naturaleza de aquellas ensordecedoras aves. ¡Estas no son gallinas!, se dijo, ¡estas son brujas!”.
J. G. Velasco publicó un interesante artículo en la revista Legados del Misterio, en el que se preguntaba si estaba en Daimiel el secreto de la brujería. Lo hacía basándose en las investigaciones de la antropóloga británica Margaret Murray, pero si atendemos al número de víctimas que la Inquisición condenó allí por brujería podríamos considerar que no, aunque Murray refuerza su tesis en la etimología del topónimo Daimiel, cuyo origen estaría en el término griego Daimon, que en la antigüedad no significaba demonio en sentido cristiano aunque si hacía referencia a cualquier tipo de entidad sobrenatural, y podría estar asociado al culto de la diosa Diana porque en Las Tablas habría existido en la antigüedad un culto a esta diosa o a algún espíritu asociado a ella. Este culto podría haber pervivido durante la época oficialmente cristiana y habría dado lugar a la leyenda negra de Daimiel como pueblo de brujas.
Por su parte, Jesualdo Sánchez Bustos, estudioso de la tradición daimieleña, afirma que el nombre de Daimiel podría tener relación con la brujería y que su origen etimológico no estaría en Daimon sino en la voz Laminium, –así se llamaba la población romana que se supone existía en el actual emplazamiento de Daimiel o en sus alrededores–, pues la raíz de Laminium tendría que ver con las lamias, que eran una especie de hechiceras de la mitología romana. Investigaciones arqueológicas recientes cuestionarían esta tesis ya que Laminium se correspondería con Alhambra y no con Daimiel.
En Almadén, más allá de los procesos inquisitoriales, destacó por su fama de bruja Ana Marín, poseedora de una modesta piara de cochinos de la que a duras penas conseguía sobrevivir. Uno de sus cerdos fue atropellado a las puertas de su casa, en la calle real, por el carro que guiaba José Arenas, ante el alboroto de viandantes y vecinos salió y amenazó al carretero con sus artes sino reparaba el valor del cerdo. Este se negó y amenazó con molerla a palos si le ocurría algo a algunos de los miembros de su familia. El carretero y familia padecieron en los meses siguientes toda suerte de desdichas.
Una de las hijas de Ana Marín había puesto los ojos en el mozo más guapo de Almadén, un tal Usano, que contrajo una rara enfermedad a la que los médicos fueron incapaces de poner remedio, diagnosticándole que estaba poseído por algún tipo de demonio. Con semejante pronóstico no hubo otra opción que llevarle al convento franciscano para que le practicaran un exorcismo, que tampoco tuvo éxito. Como última opción acudió a Ana Marín pero esta le puso como condición que debía casarse con su hija, lo que el pobre Usano debió considerar peor que la propia muerte rechazando la propuesta de la bruja. Pocos días después falleció.
Estas y otras comidillas hicieron crecer la fama brujeril de Ana Marín, al tiempo que crecía el miedo que provocaban sus hechizos y los de sus tres discípulas: la Coja Pata Palo, la Jalias y Jerónima la Berrueca.
Otras brujas y hechiceras de la comarca de Almadén fueron la Valentina, procesada por la Inquisición y con fama de vidente; Concán, un vecino de Gargantiel; Bartolomé el de la Joya; la Pepa; María la Segadora, que ejercía en Chillón; los hermanos Diego e Isabel de Sola y Miguel de Paz.
Carlos Villar Esparza, en su libro Con Once Orejas, recoge el testimonio de una abuela manriqueña que dice: “antes había muchas brujas y fue venir la Bula de la Santa Cruzada (?) y desaparecieron las brujerías (…) a lo mejor te encontrabas por la calle un ovillo hermoso de lana y cuando ibas a cogerlo se transformaba en un gorrinete (…) estaban un grupo de hombres reunidos haciéndose una cuerva, cuando echaron en falta el azúcar. Mandaron a uno a por ella, tardó mucho, cuando llegó, los demás le preguntaron el motivo de la tardanza, él les dijo que había sido raptado por las brujas que le habían llevado a Murcia. Los demás se rieron y dijeron que era imposible, entonces el hombre sacó como prueba de su estancia en Murcia unos dátiles”.
Más tenebroso es el testimonio que hace referencia a un viejo suceso ocurrido en Ruidera: Un hombre, que vivió en una caseja cerca de la laguna Colgada, tuvo una temporá que estaba acostao en los poyos que tienen las casas de campo al lao del fuego (…) y este hombre a medianoche se levantaba desesperao a echar lumbres y a veces echaba tres o cuatro gavillas de sarmientos, porque decía que entraban por la chimenea y se lo llevaban: “¡que vienen, que están aquí, que las he visto, que s’a asomao una por la chimenea!”, entonces la mujer decía: “venga pues, echa lumbre”. Y echaba unas lumbres tremendas y ponía las tenazas en cruz y así parece que ahuyentaba a las brujas.
Otro testimonio recogido por Esparza asegura que “en Torre de Juan Abad, en el siglo XIX, vivió una mujer a la que culparon de numerosas maldades, fue acusada de bruja y de tener escarceos con el maligno. A su muerte todos los perros del pueblo y de la zona hicieron juntas ante las puertas de su casa, aullando lúgubre y lastimosamente”.
En el siglo XVII, vivió una hechicera en Villanueva de los Infantes que hacía las típicas pócimas y, según nos cuenta Juan Blázquez de Miguel, fue muy conocida por lo que tenía una nutrida clientela que le permitía sobrevivir. Se llamaba Francisca Rodríguez y elaboraba una pócima con propiedades amorosas a base de callos, pelos y uñas de los pies. Una vez dado el bebedizo al hombre que se pretendía ligar con alguna mujer, salía a la calle y recitaba oraciones para completar el conjuro. Otra fórmula mágica que utilizaba era fabricar una torcida de trapo que la amante o pretendiente se untaba por los muslos para mezclarlo después con semen del hombre. A los nueve días la torcida era quemada y recitaba un conjuro a la vez que llenaba un plato de agua donde flotaban velas encendidas. Sobre la vela colocaba una mano en forma de media luna y recitaba unos conjuros. Cuando el Tribunal de la Inquisición la visitó en 1645 poseía muñecos de cera para maleficiar a las personas. ¿Un caso de vudú?
Visión clásica de un 'aquelarre'. Marcel Félix
En todos los casos que hemos conocido se dan coincidencias en la descripción y también en los remedios frente a ellas: “aspecto de bruja típica. Tenían mejunjes debajo de las losas del fuego. Iban por dátiles a Murcia. Si la bruja entraba en una casa, la dueña de ésta ponía detrás de la puerta una escoba con unas tijeras cruzadas para que saliera de la casa y se fuera”. Características propias de las brujas: nariz larga, usar pócimas para estar presente o hacer brujerías, aparecer a veces por las chimeneas. Un gañan, cuentan, que oyó ruidos extraños en la chimenea en una noche de temporal y sacando una banca consiguió que la bruja se quedará atrancada en la chimenea. Otra variante de la historia es que pusieron una cruz de hierro, con lo que la bruja se quedó colgada de la misma.
Juan G. Atienza, en su Guía de las Brujas de España incluye un apartado titulado “quién fue y es quien es en la brujería”. En La Mancha hace referencia a las siguientes personas por su condición de brujas-brujos: Constanza Alfonso (s. XVI, Argamasilla de Calatrava); Hernando Alonso (s. XVI, cura de El Viso), Inés Alonso “la Manjirona” (s. XVI, Puebla de Montalbán), María Fernández (s. XVI, Madridejos), Ana García (s. XVII, Miguelturra), María González “la Boquineta” (s. XVI, maestra de brujas de Madridejos), El Doctor de las Moralejas (s. XVI, cura de El Viso y maestro de Hernando Alonso), Juana Ruiz (s. XVI, Daimiel), Catalina Salazar (s. XVI, vidente de Ciudad Real), la Pastora de Argamasilla de Alba, Beatriz Pérez de Membrilla, Ana de Santa Cruz de Campo de Criptana, Catalina Rodríguez de Tomelloso, Angela la Cañamera de Manzanares, María la Reguera de Manzanares, María Hernández “la Morisca” de Aldea del Rey, la Polonia de Malagón, Catalina Parrilla de Malagón, Josefa Carrera de Carrión, Antonia García Navarro de Carrión, Francisco Sánchez de Carrión, María Márquez de Daimiel, María Marta de Daimiel, María “la Gallega” de Malagón, José García Miguel “el Longino” de Herencia, Ana Carretero de Herencia y María Ruiz de el Viso del Marqués.
Las invocaciones brujeriles más corrientes en el centro sur de España, incluida La Mancha, eran a Santa Marta, supuesta hermana de María Magdalena. A ella se dirigían nuestras brujas con el siguiente conjuro:
“Marta, Marta
la que los montes salta
y los infiernos quebranta”
Otra variante de estas figuras brujeriles es la Zamarraca, anciana espanta niños y algún que otro adulto con su punto de bruja. “Mi abuela me la presentaba como una aparición que entraba por la chimenea, bajaba por la escalera del granero y se llevaba bajo sus amplios mantos a los niños malos o desobedientes”. Así la recuerda un informante en Torre de Juan Abad en el libro Con Once Orejas de Carlos Villar Esparza: “Nombre femenino que demuestra ser una mujer mal presentada, mal vestida y mal vista en la sociedad”. En Villanueva de los Infantes también se la llamaba Zamarra.
La Bruja es también eficaz asusta niños en sus variantes Caperuja, Piruja, Rebruja y Pirulí.

Marcel Félix de San Andrés

martes, 30 de mayo de 2017

EL TÍO CAMUÑAS

Camuñas acechando a su víctima. M. Félix
El Tío Camuñas, Camuñas. Este Coco ibérico tiene su origen en un famoso guerrillero manchego nacido en Camuñas (Toledo), Francisco Sánchez Fernández “Francisquete”, también llamado “el Tío Camuñas” (1762-1811). Se hizo guerrillero para vengar la muerte de su hermano, muerto en la horca por los franceses, que no habían cumplido su promesa de respetarle la vida y la libertad a cambio de su rendición. Francisquete llegó a mandar doscientos guerrilleros, que se ocupaban en hostigar a las patrullas francesas interrumpiendo las comunicaciones entre Madrid y Andalucía. Fue capturado y fusilado el 15 de octubre de 1811. Es un ‘coco’ genuinamente manchego y que desde nuestra tierra hemos exportado al resto de la península ibérica.
Es un personaje muy conocido, con características semejantes a las de los ogros, que en algunos lugares vive escondido en el desván o en el tejado y se lleva a los niños para comérselos. En Cataluña es identificado en ocasiones con un animal de largos dientes y boca grande con la que engullía a los críos; otras, al igual que en el Pirineo de Huesca, con un diablo. Quizás sea, junto al Tío del Saco, el asustaniños más popular, pues sus infamias son conocidas en toda la geografía española.
En uno de los penitenciales alemanes del año 1000, el de Burchard, obispo de Worns, se recoge la siguiente afirmación: “cualquier hombre en el día de su nacimiento y gracias al poder otorgado por las tres míticas parcas, podía transformarse a voluntad en un Camuñas”. Desgraciadamente no se facilitan más noticias sobre su figura y acciones.
En Alcudia-Sierra Madrona se dice que “vive en los tejados o desvanes, de los que baja para llevarse críos y crías”. En algunos pueblos de La Mancha, se decía “pareces el Tío Camuñas” para referirse a alguien desaseado y astroso. En los Montes de Toledo se asusta a los niños con la frase “que te lleva Camuñas”.
Carlos Villar Esparza aporta los siguientes testimonios: en Villanueva de los Infantes es imaginado como un “hombre con forma de diablo, con nariz y uñas muy largas y ojos brillantes” (...) “hombre de aspecto horrible, manos huesudas y alargadas” (...) “hombre con forma de diablo, aspecto demoníaco, tenía mando y poder para asustar a las personas”.
En Torre de Juan Abad alguna abuela lo asemejaba “a un monstruoso animal de formas imprecisas, de gran tamaño, largas guedejas, con descomunales dientes de lobo y pavorosas uñas”. Un vecino de Almedina recuerda como su abuela se lo mentaba con “figura de ogro repelente que entraba, sin llamar, en los hogares, para llevarse a los niños cansinos y obstinados, para devorarlos en su ignorado cubil”.
También existe la versión femenina, conocida como La Camuñas: En Albaladejo, espectro femenino poseedora de los mismos atributos y naturaleza que Camuñas, el Tío Camuñas.

Marcel Félix de San Andrés


jueves, 11 de mayo de 2017

LA MARAUÑA Y OTROS COCOS FEMENINOS

La Marauña. M. Félix de San Andrés
Marauña, la Mariuña. En Castellar de Santiago, perversa entidad femenina que vivía en los pozos, con largas y disformes uñas que le servían para enganchar y arrastrar a los niños. En otros pueblos se la conoce por Mariuña o Maruña. La informante solanera: “… cuando niña, la imaginaba como un pájaro”. Una informante de la comarca de Almadén afirma “… habita en los pozos para que no se asomen los niños... la maruña, me la imaginaba como una especie de pulpo”.
En Puertollano y otros pueblos del Campo de Calatrava, “... ser acuático que amenaza continuamente a las criaturas desde el fondo de las pozas y tablas”.
La Mora, la Reina Mora. Aparece como Coco en esta nana: “Duérmete niño chiquito, /antes de que venga la Mora /porque anda de casa en casa /por saber qué niño llora.” Aparece igualmente en esta nana creada por el poeta José Ángel Valente: “Que no venga la Mora, /la Mora, con dientes verdes. / Toda la noche, mi niño. /ligero, duerme. /Duerme ligero, mi niño, /que si la Mora viene, /en el sueño escondido /no podrá verte. /La Mora grande, /la Mora, con dientes verdes, /no llames a mi niño, /ni lo despiertes”.
La Gitana. Según García Lorca, es un asustaniños habitual en las nanas de Castilla. El uso de este personaje como espanto es, sin embargo, mucho más amplio, extendiéndose a toda Europa y al resto del mundo. El gitano, como figura marginal en la sociedad paya, es un blanco ideal en el que volcar el miedo colectivo. Como ejemplo de estas creencias un informante de Mestanza nos comentaba que había escuchado varias veces cuando un niño rechazaba la comida: “Si no comes, te lleva la gitana”. Y se buscaba la complicidad del que estaba alrededor. “Supongo que será porque las gitanas solían vestir de negro y llegaban a los pueblos inesperadamente”.
La Pantaruja. Informantes de la zona oeste de Ciudad Real, limítrofe con Extremadura, definen así a la Pantaruja: “… es muy maligna, actúa sobre todo durante la noche, raptando a los niños que se niegan al sueño, aunque en cualquier momento se puede invocar su presencia para llevarse a un niño travieso”, “… es característica su locura violenta”.
Panel Exposición Mitología y Superstición en La Mancha. M. Félix de San Andrés
La Tarazaina. Este Coco de Granátula y Calzada de Calatrava, como la Trocanta, tiene su origen en una mujer-culebra que vivía en una cueva cercana al pueblo. Se decía a los niños para asustarlos que vendría a buscarlos la Tarazaina: “Yo soy la Tarazaina, /hija del rey Baltasar, /y quien me oiga cantar /no vivirá más de un día /y la noche de San Juan”.
La Camuña. En Albaladejo, espectro femenino poseedora de los mismos atributos y naturaleza que Camuñas, el Tío Camuñas.
La Tía Canaria. Tutelar femenino del que no existen datos ni constancia de sus características. Sólo se conoce la amenaza a la chiquillería rebelde con la venida de la Tía Canaria. Posible endemismo de Villanueva de los Infantes.
La Tía Chamorra. Sin función específica conocida. Hasta el momento un enigma. Es endemismo de Albaladejo.
La Pejiguera. Carlos Villar Esparza la describe así “… mujeruca proterva y aviesa. A todos envidia. A todos odia. Sus palabras corroen honras, destruyen obras. En lo antiguo con sus largas y afiladas uñas despellejaba a todo aquél que se pusiera a su alcance. En el mejor de los casos, todos o casi todos la conocen, en el peor, comete sus fechorías desde la invisibilidad”. Se afirma que también existe el macho: el Pejiguero.
La Trocanta. Enigmática “Mala Cosa” con supuesta apariencia de mujeruca siniestra, que realizaba terribles metamorfosis. Susurran que un tiempo se la vio andurrear por Almedina y Alcubillas. En Granátula de Calatrava sobrevuela los tejados en busca de quienes trasnochan la noche de San Juan.
La Guirra, la Guirla. Ha pasado a la mitología popular por su proverbial suciedad. Guirla ocasionalmente es el sinónimo con que se la cita en distintos pueblos.
La Aurora. García Lorca documenta el uso de la Aurora como asustaniños en nanas manchegas.
La Carcamora. A una informante de Puertollano le cantaban esta nana: “Duérmete niño/que llora, llora/duérmete niño/ que viene la Carcamora”.
La Ojancana. Coco de Piedrabuena. Especie de ogresa gigante usada para asustar a los niños. Tenía un solo ojo muy grande en mitad de la frente.
La Carramoña. Según C. Fernández, de Villarrubia de los Ojos, es “una monstruosa araña gigante con la que me amenazaba mi abuela cuando me resistía a dormirme”.

Marcel Félix de San Andrés

lunes, 1 de mayo de 2017

BRUJAS. CUANDO SATANÁS SE CRUZA DE BRAZOS

Brujas yendo al Sabbath. Luis Ricardo Falero
Las brujas no pueden decir el padrenuestro entero puesto que han firmado en el Libro de Satanás, con su sangre, son las enemigas de Dios y por eso son incapaces de recitarlo. Pero ¿qué pasa cuando una esclava que no se ha aprendido nunca el padrenuestro es acusada de brujería? La cacería de brujas se pudo llevar a cabo gracias a situaciones sin salida como esta. Si no sabe decir el padrenuestro, es una bruja. No importa que no lo supiera antes de ser acusada. Quizá porque la cacería más feroz fue llevada a cabo por los puritanos, no importaba demasiado si el impedimento era el trato con el demonio o que simplemente no lo aprendió nunca; para ellos, los puritanos, quería decir lo mismo: era una infiel.
Del mismo modo que el padrenuestro podía salvarlas o condenarlas del todo, con excepciones absurdas como la de la esclava, Dios ayudó más a las brujas que Satán. La mayoría de las acusaciones no podían rebatirse porque estaban basadas en apariciones y espectros. A finales del siglo XV y principios del siglo XVI, los casos de brujería podrían hoy ser tratados por psiquiatras como fraudes involuntarios o trastornos psicógenos masivos.
El libro de las brujas
Katherine Howe ha publicado una edición con casos reales de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas entre 1582 y 1813. Lo curioso de la edición es que en todo momento uno siente que le están tomando el pelo con respecto a la brujería. La leyenda nos ha dibujado a las brujas tan envueltas en misterio y magia, que cuando lees los testimonios y las transcripciones literales de los juicios te das cuenta de que se trata únicamente de ingenuidad… y de venganzas.
Los embrujos eran muchos y muy variados: desde una voz ronca (que, visto desde la medicina actual, podría ser la viruela francesa: sífilis) a muertes súbitas. En 1648, Margaret Jones fue una de las primeras brujas ejecutadas (Charlestown, Massachusetts), ya que se decía que aquellos a los que tocaba o acariciaba, «quedaban poseídos de sordera, de vómitos y otras más dolencias y enfermedades violentas». También se decía que, aunque los remedios que daba como maestra en astucias eran inofensivos, los efectos eran muy fuertes y las enfermedades persistían. Algunas cosas predijo y, lo más importante, «tenía en sus partes íntimas un pecho lozano, con apariencia de haber amamantado en recientes instantes, mientras que, a un segundo registro, el mismo pecho se presentaba ajado y el otro empezaba a hincharse». Como una de las marcas más frecuentes de las brujas era una tercera teta por donde mamaba el diablo, cualquier cosa podía ser sospechosa. Porque, sí, la mayoría de las brujas eran mujeres, se daba prácticamente por hecho.
Todas las acusaciones, muy parecidas entre ellas, son testimonios que, cuando se llega a la caza de Salem (más masiva que ninguna otra, y espeluznante), quedan en nada: simples farsas, casualidades y un índice de mortalidad alto que no tiene nada que ver con el mal de ojo.
Los espectros eran muy habituales en las denuncias: el espíritu de las brujas iba por donde quería y los hechizaba. También en Salem era una acusación muy normal, y quizá siempre fue determinante para los juicios contra las brujas porque eran imposibles de demostrar. Había cabezas de mujeres en cuerpos de perros, niños que se caían de su cama después de un hechizo, niñas que padecían histeria o se quedaban mudas, y muchas amenazas. Si una de aquellas mujeres marginales de la comunidad les deseaba a sus vecinos algún mal, después de no haber recibido limosna de ellos, y se cumplía, podía darse por juzgada. Si una mujer pobre y desastrada les deseaba que se les muriera el ganado y una semana más tarde una ternera era encontrada muerta, como en el caso de Eunice Cole, no había nada que hacer. La brujería no era nada sofisticado ni complejo: bastaba con una intimidación. En ocasiones, las dolencias eran tan sencillas como hombres que no podían sostenerse sobre sus caballos, cuando lo más probable era que hubieran bebido más de la cuenta en la taberna. Los testimonios son, a menudo, simplones, en absoluto suficientes para condenar a una mujer… y mucho menos acordes con lo que cabe esperar de las brujas, las que tenemos en el ideario común.
En cuanto aparecen elementos más fantásticos (como sapos que aparecen bajo las mantas de los niños), solo cabe recurrir al sentido común: pura invención. Por desgracia, los testigos podían armar todo el escándalo que quisieran en los tribunales, creando situaciones muy tensas en las que precisamente el sentido común no tenía cabida. Mientras interrogaban a una bruja, en los bancos de la sala algunas mujeres y niñas se desmayaban, se clavaban alfileres, sufrían dolores y gritaban, o veían al diablo susurrándole a la acusada. Como las brujas no tenían derecho a una defensa organizada, la situación, más melodramática que justa, no dejaba lugar a dudas: culpable.

Dios, el aliado perfecto
Por suerte, algunos de los estudiosos de la Biblia fueron más allá y no se quedaron en la acusación fácil. Es cierto, ocurrían desastres: mujeres con dolencias, recién nacidos muertos, trifulcas entre familias que acababan con cosechas inútiles, ganado enfermo. Pero no podía ser cosa de brujería, porque todo cuanto ocurre en esta vida, para bien y para mal, y siempre con fines justificados, tiene que ver con Dios. Si una helada te deja sin cosecha, no puede ser cosa de brujería, sino del Señor. ¿O acaso están queriendo decir que las brujas, y por tanto el diablo, tienen mayor poder que Dios? «Sus creencias religiosas sugieren que toda pretensión de magia o sucesos al margen del orden natural es falsa, improbable, inventada o algo peor. En efecto, Scot esgrimía que quieres se dedicaban a sembrar el odio contras las brujas eran gentes sin fe que atribuían a las personas poderes que únicamente a Dios le estaban reservados». Katherine Howe se refiere a Reginald Scot, un hombre que razonaba con una lógica aplastante, basándose en las leyes más esenciales de la Biblia.
Las mujeres a las que se acusaba, además, al menos hasta finales del siglo XV, eran siempre pobres, estaban enfermas, eran marginadas y despertaban el miedo o el rechazo en sus comunidades. Eso las volvía vulnerables y, en definitiva, el blanco perfecto para las acusaciones. Scot se escandaliza con el sistema judicial con el que le tocó convivir. Si las brujas eran reales, si habían firmado en el libro de Satán, si de verdad todo aquel mal provenía de aquella unión, había que cuestionar una figura que no estaba dispuesto a cuestionar, la de Dios. En el primer capítulo de su libro El descubrimiento de la brujería, Scot dice, oponiéndose a creer el dictado de los jueces y de las penas: «Como si no existiera un Dios de Israel que ordena todas estas cosas según su voluntad y castigo por igual a justos e injustos con penas, plagas y aflicciones en la forma y manera que considera buenas». Defiende a las brujas precisamente porque son simples mortales incapaces de quedar por encima de Dios. Así, la misma fe que intenta capturarlas, las libera sin darse cuenta. Pero encuentra, para aquellos que sí creen en las brujas, una justificación. Scot ya sabe que cuando un hombre está desesperado, no acude a «Dios sino al diablo, no al médico sino a la bruja charlatana».
Y aquí el asunto se desdobla. Las brujas, además de por superstición, nacen como lo que hoy podríamos llamar pitonisas. Son mujeres de gran intuición, a las que apodan «maestras de astucias», y que no son otra cosa que consejeras. Si un niño está enfermo, le dan un remedio. Si una mujer quiere saber cuándo volverá su marido, le dan unas instrucciones. Es así como las maestras de astucias se ganan la vida, porque la mayoría son pobres, y es así como esa posición de poder ficticio, de resolver problemas inmediatamente, las condena de todos modos. Si son capaces de adivinar una casualidad, si aciertan en su pronóstico, su comunidad creerá que tienen poderes. Lo que podrían ser chantajes, venganzas, casualidades o mala suerte, tiene un solo nombre en la época y es brujería. Ni rastro de misterio o magia: es un juego mucho más pobre. Hoy en día nadie las tomaría en serio, como de hecho ocurre con los tiradores de cartas o los adivinos: la mayoría de la sociedad los considera como puro entretenimiento.
Scot, de todos modos, salva a las brujas de ser denominadas brujas, pero sí las condena, al menos espiritualmente. Observa que generalmente las mujeres que son acusadas suelen ser «viejas de ojos turbios, tullidas, pálidas, malolientes y marcadas de arrugas, pobres, hurañas, supersticiosas y papistas; o mujeres que no conocen religión, en cuya razón aletargada ha encontrado el diablo un buen asiento. Y de este modo, fácilmente son llevadas a creer que cualquier accidente, infortunio, calamidad o muerte acontece por su causa». Aunque no sean brujas, son culpables: por haberse creído su poder, por utilizarlo y por crear confusión entre quienes las rodean. En definitiva, la mayoría de ellas son mujeres que se buscan la vida, que no tienen otra manera de sobrevivir, y en su astucia caen en una trampa.
El demonio no debe esforzarse
George Gifford, en su Diálogo que versa sobre brujas y brujerías, dijo que «es posible que existan las brujas, pero que estas se engañan si creen que tienen algún poder […] La mejor defensa que puede hacerse contra las brujas no es jurídica o intelectual sino espiritual». Katherine Howe resume su diálogo de forma muy sencilla: «En lugar de preocuparse por las brujas que andan por el mundo, Gifford propone erradicar la influencia que Satanás tiene sobre su rebaño y expulsarlo de su alma».
Después de la caza de brujas de Salem, donde hubo muchísimos ahorcamientos públicos gracias a testimonios, las cosas se calmaron. Algunas niñas habían testificado contra familiares, que fueron a la horca. Hubo un fraude involuntario por parte de algunas, que quizá padecían alguna enfermedad, y también mucha imitación. Cuando los juicios ya no pudieron hacerse del mismo modo, ya que las brujas podían ser condenadas pero no ahorcadas, los fanáticos se desinflaron y todos los testigos empezaron a tener remordimientos de conciencia. Algunos habitantes de Salem y de los alrededores empezaron a darse cuenta de que los testimonios a menudo se contradecían, y que la mayoría de las confesiones venían motivadas por una amenaza. Si confesaban haber visto a algunas de las supuestas brujas con el demonio, no serían condenadas. Así consiguieron las evidencias suficientes para la cacería orquestada. Cuando las que testificaban contra otras brujas empezaron a ser condenadas también, a pesar de haber colaborado con sus testimonios, la venganza de acusar a las demás ya no salía a cuenta. Se fueron retirando una a una, se quedaron sin confesiones, y empezó a salir la verdad. La mayoría de ellas había fingido los ataques, y algunas de ellas escribieron cartas formales pidiendo disculpas. Lo único que querían era salvarse, y su salvación había costado decenas de vidas inocentes. Finalmente, solo les quedaba arrepentirse. Las brujas no tenían ninguna conexión con el tan temido diablo, pero Satán no se había tenido que esforzar demasiado para instalarse en las colonias: había campado a sus anchas, engendrando el odio entre sus habitantes, sin necesidad de utilizar a las brujas.

MITOS Y SUPERSTICIONES MANCHEGAS: LA NOCHE DE SAN JUAN

Moras y Encantadas salen de sus cuevas la Noche de San Juan La noche de San Juan es, en origen, la celebración pagana que da la bienve...