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Mostrando las entradas etiquetadas como SUPERSTICIONES

ANIMALES MALDITOS: EL SAPO (II), CREENCIAS Y SUPERSTICIONES

Numerosos pueblos relacionan al sapo con la lluvia  Para muchos pueblos el sapo sólo sirve para causar maleficio, sin embargo para otros es de origen divino y, como tal, ayuda y protege a los que creen en su poder benéfico. Pero lo singular es que los mismos que lo maltratan e infaman por un lado, por el otro lo veneran como un numen tutelar. Entre los mapuches existe la creencia de que los sapos conservan el agua de las vertientes y los manantiales. Los antiguos araucanos tenían entre sus deidades a Ngenko, una especie de batracio al que reverenciaban como guardián de sus bebederos y anunciador de lluvias. Dentro del folklore araucano el sapo sigue siendo el símbolo del agua y su canto es un anuncio de lluvia. Ambrosetti recoge prácticas supersticiosas como la de arrojar sapos vivos al interior de las balsas para que conserven el agua, por ser ellos los que cavan las vertientes. En San Luis, para que llueva, cuelgan, por la pata, de un árbol o de un palo un sapo vivo, y en...

ANIMALES MALDITOS: EL SAPO (I)

“De pronto divisó el enorme sapo nadando entre las espadañas. Nadaba despacio, sin alborotar el agua, con los ojos abultados, fríos e indiferentes, en un punto fijo” (M. Delibes, El hereje) El sapo era habitual en los rituales de brujería La presencia innoble de este inofensivo batracio, con su aspecto chato, pustuloso, de ojos desorbitados, mirada inexpresiva y presencia desagradable ha despertado de antiguo en el pueblo ideas de terror, engendro diabólico y repulsión. Sobre su lomo rugoso lleva la pesada carga de mil concepciones animistas, y sus dorados ojos transparentan aún el misterio de civilizaciones extinguidas. En la historia de los pueblos, el sapo se debate en una lucha cruenta y despareja. Logra sobrevivir y goza así de un triunfo al ver impuesta la razón sobre el prejuicio y el oscurantismo. De animal perseguido, vuélvese amigo del hombre, de ser execrado, halla refugio en la casa de quien siempre lo miró con asco y paga con exceso lo que juzga una deuda de grat...