“De pronto divisó el enorme sapo nadando entre las espadañas. Nadaba despacio, sin alborotar el agua, con los ojos abultados, fríos e indiferentes, en un punto fijo” (M. Delibes, El hereje) El sapo era habitual en los rituales de brujería La presencia innoble de este inofensivo batracio, con su aspecto chato, pustuloso, de ojos desorbitados, mirada inexpresiva y presencia desagradable ha despertado de antiguo en el pueblo ideas de terror, engendro diabólico y repulsión. Sobre su lomo rugoso lleva la pesada carga de mil concepciones animistas, y sus dorados ojos transparentan aún el misterio de civilizaciones extinguidas. En la historia de los pueblos, el sapo se debate en una lucha cruenta y despareja. Logra sobrevivir y goza así de un triunfo al ver impuesta la razón sobre el prejuicio y el oscurantismo. De animal perseguido, vuélvese amigo del hombre, de ser execrado, halla refugio en la casa de quien siempre lo miró con asco y paga con exceso lo que juzga una deuda de grat...